Una anécdota con modismos
Egen text · Åk 4–9
Lee una columna sobre cómo funcionan los modismos. Después escribe una anécdota, real o inventada, que use con naturalidad al menos cuatro modismos, y revísala.
Så fungerar det
Queremos usar los modismos como lo hace un hablante nativo: en el momento justo y sin acumularlos. Un modismo es una imagen fija: no se entiende palabra por palabra, sino entero. Ser pan comido no tiene nada que ver con el pan; significa ser muy fácil.
Antes de usar un modismo, comprueba su significado y su registro: casi todos son coloquiales, así que encajan en una anécdota o un mensaje, no en una carta formal. Cuenta la anécdota en orden (al principio, de repente, al final) y deja que cada modismo describa un momento concreto.
El examen de matemáticas fue pan comido, pero en el de historia me quedé en blanco.
Hablar con imágenes
Hace unos años, una alumna sueca de intercambio me contó su primera semana en Sevilla. Su familia de acogida le dijo que el examen de conducir de su hermano había sido pan comido, y ella pasó toda la cena preguntándose qué tenía que ver el pan con los coches. Esa misma noche aprendió su primera lección sobre los modismos: no se traducen palabra por palabra. Un modismo es una expresión fija cuyo significado no sale de la suma de sus palabras. Si alguien está en las nubes, no está volando: está distraído. Si algo te importa un pimiento, no tiene nada que ver con las verduras: no te importa nada. Y si alguien se pone como un tomate, se ha puesto rojo de vergüenza. Lo curioso es que muchas lenguas usan imágenes parecidas. En sueco también se dice que es mejor un pájaro en la mano que diez en el bosque, y el español dice más vale pájaro en mano que ciento volando. Los suecos y los hispanohablantes comparan la mala memoria con un pez: tener memoria de pez. Otras veces las imágenes son completamente distintas. Donde el español dice que llueve a cántaros, el sueco dice que la lluvia cae como varas clavadas en el suelo. Por eso, los modismos son al mismo tiempo un reto y un regalo. Son un reto porque hay que aprenderlos enteros y saber cuándo usarlos: casi todos son coloquiales y suenan raros en un texto formal. Y son un regalo porque cuentan mucho sobre una cultura: la comida, los animales y el campo aparecen por todas partes. Mi consejo es sencillo. No intentes usar diez modismos en un párrafo. Elige uno o dos que te gusten, escucha cómo los usan los hablantes nativos y espera el momento justo. Cuando por fin lo uses bien, verás la sonrisa de tu interlocutor.
Källor
- Kursplan i moderna språk, Lgr22, Skolverket